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La caída de la bomba fue hace hoy 77 años

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Parte de ingreso de uno de los heridos

Esta madrugada del 11 al 12 de julio fue fatídica en 1941. Se cumplen, pues, 77 años de aquella aciaga noche.

Los linenses se preparaban con ilusión para ver el renacer de su Feria, una fiesta cuyas últimas ediciones se habían visto trágicamente interrumpidas por la Guerra Civil. Cinco años después, La Línea se preparaba para dejar a un lado por unos días sus penalidades de siempre. Las entidades más representativas estudiaban la preparación de sus casetas; los cafés, bares y comercios esperaban que todo aquello se dejase notar devolviendo a la ciudad parte de su vitalidad pérdida; y no eran pocos los aficionados ya que habían estado haciendo pronósticos sobre las figuras que podrían componer el siempre atractivo cartel de toros de la Velada linense, un cartel que al final se montaría con los diestros Vicente Becerra, Juan Belmonte y Pepe Luis Vázquez.

Simplemente por el hecho de estar ubicados junto a Gibraltar, separados de un objetivo de guerra por la ilusión de una barrera fronteriza, la noche del 11 al 12 de julio de 1941 quedaría marcada para siempre en la historia de la ciudad con letras de tragedia, según cuenta Alfonso Escuadra en su obra ‘A la sombra de la Roca’. A más de tres mil kilómetros de distancia, en las pistas de un aeródromo italiano, un solitario Savoia Marchetti SM-82 ‘Marsupiale’ calentaba motores. En su vientre aparecían fijadas tres mortíferas bombas que el aparato debía llevar desde Cerdeña hasta la bahía.

Eran las tres de la madrugada

Sobre las tres de la madrugada ya del sábado 12 de julio, el SM-82 fue descubierto por los sistemas de detección acústica del Peñón y poco después soltaba sus tres enormes bombas. Tal vez fuese a causa del fuerte viento de poniente, tal vez fue un trágico error de puntería, pero lo cierto es que las tres bombas lanzadas por los italianos aquella noche no cayeron sobre los mercantes ingleses, sino en La Línea de la Concepción. Dos de ellas no hicieron explosión y quedaron medio enterradas en las dunas de la playa de Poniente, pero la tercera haría blanco en la esquina que forman las calles Duque de Tetuán y López de Ayala, a la altura de los números 10 y 3 respectivamente según la numeración en vigor de aquellos días.

La explosión afectó a tres viviendas, ocupadas por la familia Caballero, la viuda de Valdés y sus hijos y la familia Ruiz Sánchez. A pesar de que estas tres propiedades quedaron reducidas a escombros, el hecho de que la bomba cayese dentro de un pozo había evitado un desastre aún mayor. Aún así, la sacudida de la onda expansiva se haría sentir a muchos metros de distancia. La explosión había destrozado el tendido eléctrico y no había luz. Para facilitar la labor de desenterrar a las víctimas se sirvieron de los focos de unos camiones militares. Soldados, policías y civiles, algunos de ellos familiares de los que permanecían enterrados, ayudaron en las labores de desescombro. Poco a poco fueron apareciendo las primeras víctimas de aquella tragedia. Los cuerpos de cinco personas (María Caballero Hidalgo, Tomás Caballero Hidalgo, Joaquina Morilla Vega, Julia Rojas Torres y José Luis Valdés Díaz) fueron sacados sin vida. También hubo muchos heridos, y los casos más graves (Ana Serrano Pérez, Dolores Ruiz Sánchez, Encarnación Ruiz Sánchez y Concepción Bernabéu Sánchez, prima de las anteriores), fueron conducidos al Hospital Municipal. Los demás fueron atendidos allí mismo.

La Línea quedó conmocionada por la tragedia de aquella noche. Se decretó un día de luto y entre otras resoluciones se acordó que todos los actos programados con motivo de la apertura oficial de la Feria quedarían aplazados hasta el domingo. El acto del sepelio se celebró en el cementerio de San José con la presencia del Gobernador Civil y de las autoridades municipales. Varios miles de personas acompañaron a la comitiva fúnebre a lo largo de su recorrido por las calles de la ciudad.

Las otras dos bombas arrojadas aquella noche habían caído sin hacer explosión en la playa de Poniente. Sin dar demasiada publicidad al hecho y tras identificar estos artefactos como italianos, las autoridades españolas se limitarían a plantear una protesta oficial ante los representantes de Mussolini. Pese a todo, la madrugada del domingo día 13, del lunes y martes, el SM-82 repitió sus incursiones contra la bahía, fastidiando las tres primeras noches de feria de los linenses. La madrugada del martes, los reflectores lograron localizar de nuevo al bombardero enemigo, que, ante el fuego antiaéreo, se apresuró a virar hacia Campamento deshaciéndose de su carga. Esta vez, dos de las bombas estallaron en las cercanías de las antiguas pistas de Polo y la otra quedaba encajada en las riberas del río Cachón.

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