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Treinta y tres años de la muerte del mago Richiardi

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Richiardi Jr, en plena actuación.

Aldo Izquierdo Colosi, Richiardi Jr, murió el 5 de septiembre de 1985, hace hoy 33 años. Estuvo muy vinculado a La Línea, donde pasaba largas temporadas y aquí dejó buenos amigos, muchos de los cuales ya no están.

Había nacido en Perú en 1923. Hijo y nieto de magos, su padre trabajaba bajo el nombre artístico de Profesor Richiardi y presentaba un número agotador que combinaba telepatía, hipnotismo, ventriloquía y magia. Durante una gira en los años treinta en Portugal, el Profesor Richiardi presionó a su hijo Aldo, de siete años, para que presentara su primer acto en vivo, convertir arroz en agua y viceversa. El número salió perfecto, pero el niño odió la experiencia. Su atención estaba en el baile, en la música, en la síncopa corporal cercana a los modos de la tauromaquia.

Meses después, trabajando en España, murió en accidente de tráfico un colega del Profesor, el mago griego Kasfikis. El peruano se vio ante la posibilidad de comprar instrumental mágico a buen precio. Este incluía un artefacto compuesto de una inmensa sierra metálica adosada a una camilla, dispositivo intencionalmente modificado para cortar a una mujer en dos sin hacerle daño. El pequeño Aldo veía el aparato con fascinación anticipada. Era lo más cercano que había estado a la medicina.

El Profesor Richiardi no pudo presagiar su propia muerte. Lo sorprendió en plena gira, en Atlanta, en 1937. La familia apenas tuvo dinero para enterrarlo ahí y viajar a Nueva York, donde cayó enferma Rina Colosi, la madre. Aldo tenía entonces doce años y se hizo de dos trabajos para costear el hospital. Obrero de día, botones del Central Park Hotel de noche. Gracias a contactos con el gremio mágico pudieron dejar los bultos con los trucos mágicos de Richiardi en un depósito de un recién inaugurado teatro en Harlem, el Apollo.

Tres años de botones proveyeron a Aldo Izquierdo de una madurez precoz y de dos pasajes para regresar a Lima. Le alcanzaba también para llevarse la magia de su padre. A solas con las herramientas de trabajo del Profesor, reverberando los aplausos del Apollo en las maderas gastadas del cortador de mujeres, del Templo de Benares (urna en forma de Taj Mahal donde se insertan diez espadas con alguien dentro), de la silla DaKolta (que desaparece a quien se siente en ella), a Aldo se le escarapeló el cuerpo. No podría traicionar el legado. Dos años después, con 18 ya cumplidos, debutaba como el mago más joven del mundo en el Teatro Municipal de Lima.

Hasta entonces el ejercicio mágico era un arte inmóvil. La ilusión debía bastar como dinámica. Pero Richiardi Jr. tenía cuotas pendientes consigo mismo. Empezó a presentar sus números vistiendo traje campero andaluz y con pasodobles de fondo, improvisando desplantes taurinos y pases de salón en sus rutinas.

El truco más polémico de Richiardi.

No hacía ningún truco nuevo. Dividir a una mujer en dos era una ilusión creada en 1920, pero lo hacía diferente. Este rasgo plástico de estilo personal empezó a ganarle un nombre y una feligresía. Para sellar tal alianza le agregó sangre a su acto. Sangre humana verdadera. Ya casado y con hijo llegó de gira a Estados Unidos siguiendo la ruta paterna. Allá se proveía de plasma en los hospitales de las ciudades donde se presentara. Iniciaba la ilusión de la sierra vestido como cirujano, impecable blanco ávido de mancha hematológica. Aplicaba un paño empapado en éter a una asistente. Una vez inconsciente esta era puesta sobre la camilla. Entonces encendía la sierra y mientras el acero iba mordiendo la cintura de la joven, sangre real brotaba a borbotones junto con añadidas entrañas de animal, consolidando un número grotesco pero imperdible. Esto sucedía a finales de los años cuarenta. Cuando Tyrone Power ya había hecho romántica la figura del matador de toros en Sangre y arena. Y en un contexto en que el origen peruano de Richiardi Jr. se confundía por el de español como genérico. Las crudas imágenes de la Guerra Civil española estaban vivas en el imaginario estadounidense gracias a la revista Life. Así se refirió la publicación especializada en magia Sphinx a este número en 1949: “Esta ilusión no fue diseñada para una audiencia que pasa sus días bajo el sol viendo béisbol. La audiencia de Richiardi discurre sus domingos con toreros, matadores y picadores”.

Tras sus presentaciones en Estados Unidos, Richiardi Jr. inició en 1952 una gira europea que le llevó a España, Portugal, Francia e Inglaterra con dos espectáculos de 45 artistas. Cada uno duraba más de dos horas, Cabalgata mágica y Cocktail mágico, en que se incluían estampas folclóricas peruanas como telón musical para sus actos. En Inglaterra la crítica comparó su presencia escénica con la de Gene Kelly, un ballet de un solo hombre. En una presentación en el teatro Olympia de París, en 1956, hizo desaparecer a 35 bailarinas y tres pianos verticales. En la platea había dos testigos ilustres. Los dos le hicieron promesas. Solo uno cumplió. Uno de ellos era Víctor Raúl Haya de la Torre. Fascinado por lo que había visto le dijo que haría lo posible por llevar su presentación a Lima, para que finalmente recibiera el reconocimiento que se merecía. El otro era Ed Sullivan, célebre presentador televisivo. Justamente ese año Sullivan presentaría por primera vez en señal abierta, de la cintura para arriba, a Elvis Presley. Sullivan le dijo al peruano: “Tú, tu magia, y tu familia se vienen conmigo a Nueva York”.

En una de estas presentaciones en el programa de Ed Sullivan quedó registrada la elegante dramaturgia del mago peruano. Con un melancólico violín de fondo llega a pies del mago un niño montado en un autito metálico, apenado porque no funciona. El mago lo hipnotiza dulcemente, consolándolo con el sueño. Luego carro y niño levitan con suavidad digna del leitmotiv de otro prestidigitador célebre, el manco René Lavand: no se puede hacer más lento. La teleaudiencia quedó también hipnotizada.

A lo largo de los siguientes catorce años Richiardi Jr. se convirtió en el mago con mayor número de presentaciones en el Ed Sullivan Show, alternando con Nancy Sinatra, Joe di Maggio y Vivien Leigh. El niño levitado era su hijo, Ricardo, luego cantante de jazz en Porto Alegre y bajo el nombre de Ricardo Richiardi.

El Madison Square Garden fue el destino final de una gira mundial iniciada en 1964 en Tokio. Conquistó en vivo la ciudad que ya era suya por televisión. Un quinceañero llamado David Seth Kotkin estaba en el auditorio. Como mago se empezaba a hacer llamar David Copperfield. Los setenta discurrieron consolidando su reputación mágica a través de la televisión. Fue declarado Mago de la Década en 1980 por The Society of American Magicians. Esto no impidió que la Coalición Antiviolación de la Mujer denunciara entonces su acto de cortar a una dama en dos como una celebración ritual de la violencia contra la mujer. Richiardi cortaba, la gente creía.

Tibor Rudas, el empresario húngaro de Pavarotti que crearía luego el espectáculo Los tres tenores, se llevó a Richiardi Jr. a las Bahamas en 1980. Se trataba de un espectáculo con animales, patinaje en hielo y bailarinas rusas, presentado sobre un escenario enorme. Mil personas al día veían el espectáculo Dazzling Deceptions, en el que el mago peruano, ya con 60 años, presentaba la maestría de su madurez.

El penúltimo reconocimiento a esta trayectoria fue televisado. Se dio a través de un especial de la CBS titulado Magic with the Stars en 1982. Orson Welles, director, actor y mago aficionado, era el presentador. Al introducir a Richiardi Jr. dijo: “Y ahora, del Perú, viene uno de los grandes nombres de la magia. Sus ilusiones le han ganado un lugar especial en los corazones tanto de magos como de fanáticos por igual. El legendario Richiardi”. Welles solo leía. Los textos eran del productor del programa, el ya reconocido David Copperfield.

Aldo Izquierdo Colosi, Richiardi.

Richiardi era diabético y tuvo un accidente durante una de sus presentaciones en las Bahamas. Hay versiones que hablan de un arañazo de tigre. El hecho es que la herida se le infectó y fue trasladado de emergencia a Brasil para su tratamiento. Fue necesario amputarle las dos piernas. El mago, el torero, el médico, habían quedado inmóviles. Perdió la voluntad de vivir y falleció en Río de Janeiro en 1985.

Su instrumental mágico estuvo abandonado durante décadas en Brasil. Hace unos años, David Copperfield convenció a la familia de que su destino fuera su Museo Internacional de la Magia y Biblioteca de las Artes del Conjuro, inmenso almacén en Las Vegas donde Copperfield tiene la mayor colección mágica del mundo. En él inaugurará el Salón de los Maestros, donde el peruano tendrá una exhibición permanente.

Las cajas fueron desembaladas en marzo del 2015. Copperfield calculó al ojo que con todo el equipo de Richiardi Jr. era posible generar por lo menos siete horas de magia continua. Pero por sí solas eran solo sillas con trampas, sierras inocuas, estoques de latón que jamás atravesaron a nadie. Nunca es el truco. Siempre es el mago.

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